Me acuerdo de haber pensado, sin querer, el lápiz habiloso y atento de
mis ideas fugases, fugases por que duran fragmentos de segundos en mi
mente, logro capturar con ese olor a madera seca entre ébano y
palisandro redactar aquel fugas pensamiento, aquella noción de sueño que
al despertar se me olvidan, no se si estaré viejo o son las dosis altas
frente a la pantalla, simplemente avanzo sobre aquella
hoja amarillenta tanto esperar, avanzo con su tinta de carbón obscura,
tan obscura que hasta la mismísima muerte hubiese llorado por no
encontrar el camino, aquella luz de de vida de esperanza, aquella donde
se desvela el secreto de las palabras, donde esta mi vela cuando me
quedo hasta tarde dibujando o escribiendo, ese trazo delicado, amoroso,
que al leerlo simplemente me sentía renacido ese trozo de epitafio donde
muere mi yo y renace mi ser.
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